jueves, 14 de marzo de 2019


ARTHUR RIMBAUD - EL MAL

Mientras que los salivazos rojos de la metralla
silban el día entero en lo infinito del cielo azul,
que escarlatas o verdes, cerca del Rey que los burla,
se hunden en masa los batallones en el fuego,

Mientras que una locura espantosa aúlla
y hace de cien mil hombres un montón humeante,
-¡Pobres muertos! en el estío, en la hierba, en tu alegría
¡Naturaleza! ¡Oh, tú que hiciste a esos hombres santamente...!

-Él es un Dios, que ríe en los manteles adamascados
de los altares, en el incienso, en los cálices de oro,
que en el arrullo de los hosanas se adormece,

Y se despierta, cuando las madres, congregadas
en la angustia, y llorando bajo sus viejas cofias* negras,
¡Le donan un grueso sueldo que tenían envuelto en su pañuelo!

(*Cofia: Tocado femenino de tela, generalmente rígido y de color blanco, que se coloca a modo de diadema y evita que el pelo caiga sobre la cara; es el complemento de algunos uniformes de camareras, enfermeras, o antiguas doncellas y niñeras.)

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