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ARTHUR RIMBAUD - EL MAL
Mientras que los salivazos rojos de la metralla silban el día entero en lo infinito del cielo azul, que escarlatas o verdes, cerca del Rey que los burla, se hunden en masa los batallones en el fuego, Mientras que una locura espantosa aúlla y hace de cien mil hombres un montón humeante, -¡Pobres muertos! en el estío, en la hierba, en tu alegría ¡Naturaleza! ¡Oh, tú que hiciste a esos hombres santamente...! -Él es un Dios, que ríe en los manteles adamascados de los altares, en el incienso, en los cálices de oro, que en el arrullo de los hosanas se adormece, Y se despierta, cuando las madres, congregadas en la angustia, y llorando bajo sus viejas cofias* negras, ¡Le donan un grueso sueldo que tenían envuelto en su pañuelo!
(*Cofia: Tocado femenino de tela, generalmente rígido y de color blanco, que se coloca a modo de diadema y evita que el pelo caiga sobre la cara; es el complemento de algunos uniformes de camareras, enfermeras, o antiguas doncellas y niñeras.)
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jueves, 14 de marzo de 2019
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